martes, 25 de junio de 2013

Snowden, el pasajero invisible del vuelo Moscú-La Habana



Según los registros de vuelo de Aeroflot, el asiento estaba asignado a Edward Snowden -el excontratista de inteligencia de Estados Unidos y fugitivo de la justicia de su país tras filtrar información sobre programas secretos de espionaje-, que debía hacer escala en Cuba supuestamente de camino a Ecuador, país al que pidió asilo político.

Pero en una vuelta de tuerca digna de un thriller de espías de Hollywood, el protagonista nunca apareció.

Y los personajes secundarios -decenas de periodistas, incluidos corresponsales de la AFP- se quedaron buscando sombras.

"Tengo la sensación de que todos participamos en una gran conspiración de espionaje", suspira Olga Denissova, una corresponsal de la radio Voz de Rusia, a bordo del avión. "El hecho de que no lo hayamos visto por dos días significa que recibe muy buen apoyo".

En efecto, Snowden no ha sido visto desde que el domingo partió de Hong Kong, a donde viajó el 20 de mayo y desde donde filtró al diario británico The Guardian y al estadounidense The Washington Post documentos sobre los programas secretos de vigilancia de Estados Unidos de comunicaciones telefónicas e Internet, tanto en el país como en el extranjero.

Mientras varias fuentes indican que de Hong Kong viajó a Moscú, nadie lo ha visto, ni en los puntos de control de migraciones en el aeropuerto Moscú-Cheremetievo, ni en el hotel de la zona de tránsito, donde según algunos pasó la noche del domingo al lunes.

Hasta el cierre de las escotillas del Airbus 330 de Aeroflot, los periodistas no quitaban los ojos de la entrada del aparato e ignoraban los pedidos de los miembros de la tripulación de regresar a sus asientos y no obstruir el pasillo, mientras el resto de los pasajeros observaba intrigado el trajín.

"Todavía esperamos siete pasajeros", informó un tripulante pocos minutos antes de la hora prevista de despegue, aumentando el suspenso y reavivando la débil esperanza entre los periodistas.

Pero pocos instantes después, los siete pasajeros faltantes ingresaron al avión, y Snowden no estaba entre ellos.

Resistiendo una rendición, algunos comenzaron a suponer que seguramente el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense había subido al avión por otra entrada, en tanto otros sugirieron que se encontraba en la cabina.

No fue hasta que el avión despegó que los periodistas, quienes se habían abalanzado para conseguir un pasaje ida y vuelta de 2.000 dólares en el vuelo, cayeron amargamente en la cuenta de que Snowden jamás había embarcado, y que harían el viaje a La Habana en vano.

"Creo que hubiera sido un completo tonto si hubiera abordado este vuelo. Puedes ver por tí misma el frenesí que hay aquí", dijo la azafata Yelena, mientras se disponía a servir champagne a los pasajeros de Business Class.

"Yo hubiera hecho lo mismo en su lugar", aseveró.

Pese a estar vacío, el asiento 17A atrajo curiosas miradas durante el vuelo, siendo reiteradamente fotografiado por los periodistas.

Una vez que el vuelo aterrizó en La Habana, la impresión reinante entre los periodistas era que habían sido engañados.

"Hemos sido engañados", reconoció Anna Nemtsova, corresponsal en Moscú de la estadounidense Newsweek y colaboradora de la cadena NBC. Y agregó: "Me quedaré aquí un par de días para asegurarme de que no llegue en el próximo avión".

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